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Informe de gobierno

Septiembre 3rd, 2013
Macario Schettino

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Lo rescatable es la insistencia de Peña Nieto en el proceso de transformación que se está realizando en el Congreso”

Y creo que en el fondo, lo rescatable es la insistencia de Peña Nieto en el proceso de transformación que se está realizando en el Congreso, a través del mecanismo de negociación llamado Pacto por México. Dio cifras, de ésas que aburren y que además suelen ser seleccionadas para que se vean bien, aunque no sean exactas. El dato de inversión extranjera, por ejemplo, no tiene mucho sentido cuando incluye la compra de la cervecera más grande del país; o su referencia al crédito de la Banca de Desarrollo para impulsar la vivienda, que hasta el momento es risible; o su comentario de que la economía se desaceleró por influencia del exterior, cuando ese factor es secundario frente al tema del gasto público y el hundimiento de la construcción. Pero bueno, no hay presidente que sea muy autocrítico en un informe, y con razón. Para eso están sus opositores.

En esta columna habíamos dicho que el mensaje debería concentrarse en indicarnos la estrategia, y en llamar al esfuerzo común. Eso ocurrió, en efecto. En repetidas ocasiones se refirió al Pacto por México, y al trabajo del Congreso que está sacando las reformas a un ritmo considerable. De hecho, abrió felicitando a los diputados por aprobar anoche la tercera ley relativa a educación, la del servicio profesional docente, que según varios no es lo mejor que pudo haberse aprobado.

Y por eso creo que vale la pena que comentemos un poco cómo funciona ese proceso que Bismarck decía que, como la elaboración de salchichas, no debía conocerse: la creación de leyes. Una de las grandes cosas del cambio tecnológico reciente es que a través de las redes sociales y el correo electrónico uno puede saber qué piensan muchas personas con las que, de otra forma, no tendría contacto, o al menos no tan frecuente. Gracias a ello me entero de que hay confusiones muy grandes de cómo funciona en realidad el Congreso. Confusiones que llevan a críticas infundadas, que por lo mismo no sirven de nada.

Las leyes, y sus modificaciones, siguen un proceso sencillo: llegan a una cámara, cuya presidencia dirige a la comisión (o comisiones) que se encarga del tema principal de esa ley. Esa comisión se reúne, discute la iniciativa, y la rechaza o acepta, casi siempre habiendo modificado parte de ella. Este dictamen de la comisión es lo que llega al pleno de la cámara (que es lo que normalmente vemos en televisión), y ahí es aprobada o rechazada por todos los legisladores presentes. Cuando se acepta la idea general de la ley, pueden discutirse detalles específicos. Estos detalles se llaman “reservas”. Discutir a fondo un artículo en el pleno es muy difícil, de forma que es raro que esas reservas logren modificarse ahí, pero a veces ocurre. Discutidas las reservas, se aprueban esos detalles, y ese dictamen se va a la otra cámara. Ahí va a seguir un proceso similar, y si esa cámara hace alguna modificación, hay que regresar a la inicial, para que esas modificaciones sean aceptadas por los legisladores. Cuando eso pasa, ya no se revisa toda la ley, sino sólo las cosas modificadas por la otra cámara. Cuando ya toda la ley fue aprobada por los legisladores, se envía al Ejecutivo, el cual puede rechazarla (vetarla) o publicarla. Si la rechaza, regresa al Congreso. Si éste quiere que la ley salga, requiere el respaldo de dos terceras partes de los legisladores, y entonces el presidente ya no puede vetar, y tiene que publicar. En esencia, ése es el proceso.

Lo que me interesa enfatizar es que el trabajo legislativo fino ocurre en las comisiones, y que el gran escaparate público ocurre en el pleno y en la relación entre cámaras y entre Congreso y Ejecutivo. Es decir, lo que nosotros vemos es la parte que no legisla, propiamente hablando. En el pleno las discusiones no pueden ser finas, son retóricas, y en muchos casos escandalosas, porque los legisladores saben que no van a poder cambiar nada, y lo que quieren es obtener ganancia política. Por eso se paran a insultar al Ejecutivo, o a sus adversarios políticos, o a quien sea. Saben que siempre hay una fracción de la opinión pública que eso quiere oír, y quieren ganarse esos votos.

Pero lo relevante está en las comisiones. Por eso ser presidente de comisión es tan importante, porque el presidente tiene la capacidad de controlar la agenda (es decir, el orden de los temas, y el orden de los procedimientos). En cada comisión hay más o menos 30 diputados, con una distribución parecida a la que tienen los partidos en el pleno. Los presidentes de comisión son designaciones de cada fracción parlamentaria, de acuerdo con las comisiones que lograron obtener en la negociación con los otros partidos. Quien logra ser presidente de comisión obtiene ciertos privilegios, pero sobre todo obtiene poder, porque de él o ella depende el futuro de las iniciativas. Sin embargo, el control final de los procesos legales está en manos del coordinador de la fracción parlamentaria, que es quien pone y quita a los presidentes de comisión.

Por eso, en todos los congresos, el legislador más importante es el coordinador parlamentario. Y esto exige que todos los legisladores de un partido sean disciplinados. Si cada uno se mueve independientemente del coordinador, el partido deja de tener capacidad de negociación, y se vuelve irrelevante. El coordinador tiene entonces que negociar con las otras fracciones, y al mismo tiempo tiene que mantener la cohesión en la propia. Son acciones complementarias: si hay cohesión, puede negociar con los otros; si negocia bien, puede obtener cosas para repartir entre sus diputados y mantener la cohesión.

Esta dinámica de las fracciones parlamentarias, así como la importancia de las comisiones, es muy importante para entender cómo se hacen las leyes, y eso es hoy clave, porque dijo Peña Nieto que lo que logró fueron reformas y lo que viene son reformas. Dicho de otra manera, 2013 es un año de Congreso, no de Presidente. Así que el jueves comentamos acá cómo es que eso funciona a través del Pacto por México, y qué podemos esperar en los famosos 120 días que le quedan a este gobierno.

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