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Informe de gobierno
  • Sep 2, 2014
  • Redacción /EL UNIVERSAL
  • Comentarios desactivados en El flanqueo de la izquierda; la ceremonia que hace historia
  • Segundo informe
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CRÓNICA

Juan Arvizu

juan.arvizu@eluniversal.com.mx

En el despacho de Palacio Nacional, Enrique Peña Nieto se coloca la banda presidencial, mientras que en el patio central, el senador Miguel Barbosa Huerta, presidente de la Cámara Alta, avanza al centro del gran presídium.

Va a ritmo de la cautela de quien pisa por primera vez un terreno sin explorar. Gobernadores, el diputado Silvano Aureoles, el jefe de gobierno del DF, Miguel Ángel Mancera, diversos integrantes del gabinete, envuelven a este hombre de izquierda.

Las pantallas gigantes que forman parte de la decoración de la ceremonia en la que el Presidente  dirigirá un mensaje a la nación, con motivo de su segundo Informe de Gobierno, presentado el lunes al Congreso, proyectan lo que ocurre en el primer piso del ala sur del Palacio Nacional.

Peña Nieto avanza entre una valla de cadetes del Colegio Militar en la Galería, luego en el pasillo que lleva a la escalinata principal. Sólo el jefe del Estado Mayor Presidencial (EMP), Roberto Miranda Moreno, lo acompaña en este recorrido histórico, antiguo, desusado en las últimas décadas.  Es una reminiscencia del boato de hace dos décadas, un toque de que lo que sigue, es un acto de Estado por todo lo alto.

Una larga, muy larga tanda de aplausos recibe y acompaña a Peña Nieto, quien sube al presídium, justo en la parte central, donde están Barbosa, el presidente de la Corte, Juan Silva Meza, Aureoles, y el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong.

El presidente tiende la mano a Barbosa Huerta y le da un abrazo. Gesto sencillo, suficiente, cortés. Lo mismo con los otros personajes. Ocupa su sitio al centro del presídium, entre su gabinete y los gobernadores, abre los brazos a la altura del corazón, las palmas arriba.

Forma de saludar a la multitud típica del mexiquense que así obtiene un pilón de aplausos.

Las bandas de música y de guerra del Colegio Militar y del Colegio del Aire, cubren el espacio con los acordes del Himno Nacional, una ejecución que desde el siglo 19 hace eco en los muros de palacio, cuyo patio central recibe a mil 500 invitados que rodean por completo la fuente de Pegaso, uno de los símbolos de México. Entre los asistentes destacan el Presidente Ejecutivo y del Consejo de Administración de EL UNIVERSAL, licenciado Juan Francisco Ealy Ortiz, y nuestro Director General, licenciado Juan Francisco Ealy Jr.

Es mediodía de ceremonia sobre el Informe Presidencial. El paisaje es diferente. La explanada del Zócalo recibe a los vehículos de los invitados. La banqueta misma de la Catedral metropolitana quedó dentro del espacio de seguridad en torno del Palacio Nacional, al que se ingresa con hasta tres horas de anticipación.

La cita es a las 12 horas y conforme se acerca el momento llegan Diego Fernández de Cevallos, Carlos Slim Helú, Emilio Azcárraga Jean, Emilio Gamboa, Manlio Fabio Beltrones, Roberto Hernández, Alfredo Harp, César Camacho, Gustavo Madero, Carlos Romero Deschamps, José Narro Robles y Jesús Kumate.

Durante hora y media todos escuchan el mensaje del Presidente cuyas primeras palabras son de saludo a los presidentes de las cámaras, “dos representantes de la izquierda mexicana”, cuestión inédita que, señala, reafirma la vocación democrática.

Aureoles y Barbosa permanecerán atentos a los señalamientos y cuando el público tribute aplausos, ellos permanecerán circunspectos a la espera de que el orador prosiga su mensaje. En algún momento, unas palmas sin ritmo soltarán uno u otro.

Dicen los que han estado cerca, que el Presidente es cordial, educado con sus interlocutores, y que en esa actitud atenta cae bien. Se despide de los legisladores de izquierda, sencillo, correcto, suficiente. La salida para algunos es paseo grato. Así sucede a Fernández de Cevallos. Le salen simpatizantes y disfruta el saludo hasta de soldados que le sonríen cuando busca su vehículo dentro del área de seguridad. Diego, la leyenda de una época de reformas. Lo que le sigue, dice Peña Nieto, es un cambio más profundo, el de mentalidad.

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